Robin Williams y por qué se suicidan las personas divertidas

por Administrador

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Sociedad

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Este polémico artículo fue redactado por Jason Pargin, Editor en Jefe del portal Cracked.com y autor best-seller y traducido por Acción Preferente.

¿Has tenido alguna vez ese amigo divertido, el payaso de la clase, quien un día simplemente dejó de ser divertido cerca de ti? ¿Te hizo pensar que quizás ellos podrían estar deprimidos? En realidad, lo más probable es que fue en ese entonces la primera vez en la que se sintieron lo suficientemente cómodos a tu alrededor para dejar de actuar.

Los que terminan quitándose su propia vida, bueno, son divertidos hasta el final.

En este momento ya debes saber que Robin Williams se suicidó, pero no estoy aquí para hablar de él. Él ya no está y tú sigues aquí, y los pensamientos suicidas son comunes entre nuestros lectores y escritores. Tanto así, que nuestra sección de mensajes tiene una sección escondida donde los moderadores pueden coordinar respuestas a amenazas suicidas. Y en caso de que te lo estés preguntando: no, no es broma –Recuerdo la primera vez que John encontró la ubicación de un tipo y despachó una ambulancia a su casa. Todos nos quedamos sentados ahí, a las 4 de la mañana, esperando a saber si llegó a tiempo (lo hizo).

Debido a que Cracked es un sitio impulsado por un ejército de escritores independientes que aspiran a ser comediantes, los tableros de mensajes se llenan de un cierto tipo de personalidad. Y si bien no sé cual es el porcentaje de personas divertidas que sufren de depresión, echando un vistazo a los que conozco y con los que trabajo, diría que son aproximadamente “todos ellos”. Así que cuando escucho a alguna alma inocente decir, “Wow, ¿cómo es posible que un tipo tan entretenido como [inserta el nombre de un famoso comediante muerto aquí] haya podido suicidarse? ¡Él siempre estaba bromeando y pasándolo bien!” Mi única respuesta a eso es una mirada ausente.

No conozco la situación de Robin Williams, pero no necesito hacerlo. Puedo pensar en una gran lista de ejemplos sin moverme de mi silla. Como uno de los jefes de Cracked, estoy rodeado –literalmente- de cientos de escritores de comedia, y habito el cuerpo de uno. Kristi Harrison recientemente escribió sobre el oscuro lado sicológico de ser gracioso, y hablaba desde su propia experiencia. O, aquí tenemos a John Cheese hablando sobre su reciente aventura con los antidepresivos. También, Mark Hill hablando de su depresión, Dan O’Brien hablando de su ansiedad social, Tom Reimann hablando de la suya y C. Coville haciendo lo mismo. Aquí tenemos a Mara Wilson hablando sobre lo que es tener un trastorno de ansiedad, Felix Clay hablando del arrepentimiento, Gladstone sobre el trauma emocional, y Adam Brown sobre cómo casi murió por una adicción al jarabe para la tos. Esos son los primeros que me vienen a la mente. Ustedes entienden el punto.

Ahora, ¿quieren que les diga cuantos mensajes/comentarios/correos electrónicos recibimos de fanáticos pidiendo a escritores que “se maten” porque no les gustó una broma que escribieron? Cuando les prohíbo el acceso a los comentarios, siempre reaccionan confundidos.

“Espera, ¿estás diciendo que los escritores de Cracked son un grupo de genios literarios torturados? Escriben bromas sobre erecciones, ¡por el amor de Dios!”

Sí, y Chris Farley sólo hacía películas de humor físico sobre un tipo gordo que se cae a menudo, justo hasta el momento en que detuvo el latir de su corazón. El medio no tiene nada que ver con ello – la comedia, de cualquier tipo, es usualmente el subproducto de un tumor que crece en el alma humana.

Si conoces a una persona realmente graciosa que no esté torturada y rota por dentro, yo diría que:

A) lo ha logrado esconder exitosamente de ti.

B) su deterioro está enterrado tan profundamente que incluso ellos están en negación al respecto.

C) son sólo un tipo de criatura mística que no puedo comenzar a entender.

No estoy diciendo nada que la ciencia no sepa hoy. Encuentra a un comediante, y por lo general encontrarás a alguien que tuvo una infancia de mierda.

Este es el modo en que funciona para muchos de nosotros, según lo que yo sé. Incluso lo pondré en forma de lista:

A una edad temprana, comienzas a odiarte. A menudo es porque abusaron de ti, o porque creciste en un hogar con problemas, o fuiste rechazado socialmente, o quizás eras un poco gordo… lo que sea. No eres como los otros niños, a ellos no pareces gustarle, y usualmente puedes darte cuenta de ello a los 5 años de edad.

En algún momento, usualmente cuando eres muy joven, hiciste algo que hizo reír a los demás. Contaste un chiste o te caíste o dejaste escapar un gas, y te diste cuenta que por primera vez, podías obtener una reacción positiva. No amor o afecto real, obviamente, sólo una reacción –una que es un avance del odio y de los mil pasos que te alejan de ser invisible. Algo que puedes controlar.

Pronto aprendiste que ser gracioso construye una muralla perfecta e impenetrable a tu alrededor, que impide que alguien se acerque demasiado y se de cuenta de lo mucho que apestas. Mientras más te odias a ti mismo, más fuerte debe ser la barrera y más lejos debes empujar a las personas de ti. En otras palabras, debes ser un mejor comediante.

En tus años formativos, te creas un segundo yo (uno falso) – un payaso que puede representarte en tu barrera exterior. El payaso siempre está bromeando, siempre está motivado, siempre está llamando la atención para prevenir que alguien toque la muralla y vea a la persona real que está oculta detrás. El payaso es el alma de la fiesta, el payaso de la clase, el tipo sobre el escenario – muy diferente del “tú” verdadero, lo más posible. Nuevamente, la meta es crear distancia.

Lo haces porque si las personas odian al payaso, a nadie le importa. Porque no es el tú verdadero. Eso te protege.

Pero el efecto secundario es que las personas aman al payaso… bueno, tú sabes la verdad. Y sabes lo distinto que sería todo si conocieran quien eres en verdad.

Recibo una docena de mensajes a la semana de gente que dice amarme, y unos pocos al mes de personas que quieren conocerme en persona. ¿Saben? Como cuando ven un episodio de The Walking Dead y deciden que quieren vivir un apocalipsis zombie. Creanme, chicos: no les gustaría.

Pero hay más: los chistes que mantienen feliz a la audiencia – y que mantienen a la gente alrededor tuyo – vienen de muy dentro de ti, y de un lugar muy doloroso. Te expones y examinas tus inseguridades, fallas, miedos – todo lo que hace el mejor combustible para el humor. Así que, Robin Williams bromeaba sobre las adicciones – ya saben, la misma que lo mató. Chris Farley basaba su actuación en lo gordo que era – algo que lo torturó y humilló desde que era un niño. Así que pensando en mi analogía del payaso, sólo imagina los payasos que se alimentan de tu sangre.

(Cielos… eso me dará pesadillas, y tengo un trabajo secundario escribiendo historias de horror.)

Sigo mencionando a Chris Farley por un motivo – al final, se encontraba tan solo que contrataba prostitutas sólo para acompañarlo. Aquí es un resumen de cómo se dieron sus últimos días;

“Farley estuvo de juerga por cuatro días seguidos, fumó crack e inhaló heroína con una acompañante, luego la llevó a su apartamento. Cuando discutieron sobre el dinero ella se levantó para irse. El trató de seguirla pero colapsó en el suelo de la sala de estar, luchando para respirar. Sus palabras finales fueron “No me dejes”. Ella tomó fotografías de él, robó su reloj, escribió una nota diciendo que se había divertido mucho y se marchó. Farley murió solo.”

En este caso, el payaso era un gracioso gordito actuando como un Ninja de Berverly Hills. Detrás de la cortina, la persona verdadera era un niño gordo, asustado, solitario y raro que no podía pagarle a alguien para que le tomara la mano mientras moría. “No me dejes”.

Así que: Si estás ahí y te sientes triste y a punto de saltar, esté es el número al que debes llamar. La numerosa cantidad de personas que han llamado me han dicho que es genial. Pero supongo que mi punto más grande es que si conoces a alguien que pueda estar en riesgo, pero quien tu hayas estado negando que pueda estarlo porque siempre está sonriendo y bromeando, por el amor de Dios, despierta de una vez. Ellos no saben cómo pedir ayuda porque no saben cómo establecer relaciones, porque cuando has vivido tanto tiempo detrás de la muralla que creaste, simplemente pierdes esa habilidad. “Bueno, traté de ayudarlo pero se portó como un imbécil.” Bien, así es como se ven. “¡Pero no sé cómo hacer una intervención anti suicido!” Nadie te lo está pidiendo. Qué tal esto:

Se quien esté ahí cuando te necesitan, y sigue estando ahí incluso cuando dejen de ser divertidos. Cada vez que hacen una broma a tu alrededor, lo hacen porque de forma instintiva y reflexiva, ellos creen que es lo que necesitan hacer para que les gustes. Temen el momento en que la risa se detenga y todo lo que quede sea ese chico asqueroso y ridículo al cual todos odiaban en el patio del colegio, el que han ocultado tras ladrillos durante toda su vida adulta. Si quieren venir a tener una conversación aburrida de adultos sobre sus problemas, no les des pistas de que deben “animarse.” Es muy fácil confundir eso con “Hey, ¿Qué pasó con el payaso? Me caías mejor así.”

En lo que a mí respecta, no he tenido un pensamiento suicida en mucho tiempo. No desde la escuela, cuando un tipo me convenció de no hacerlo, aunque dudo que él sepa que lo hizo. Así que, viví y hoy trabajo prohibiendo el acceso a los comentarios de un sitio a personas que dicen a otros que no son graciosos y que deben matarse. Es eso… ¿irónico? Mierda, no sé si hay una palabra en el idioma para describirlo.

En fín. Descanza en paz, Robin. Nos has dado la oportunidad de discutir esto, y de mostrar que no tiene nada que ver con las circunstancias de la vida – eras genial y lograste muchas cosas, eras respetado y amado por amigos y familia, y al final no significó nada.

Acción Preferente

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