Vio el mundo, tras 44 años de cárcel.

por Matias

Otis Johnson, un hombre de 69 años, ingresó a la prisión a los 25 tras intentar asesinar a un policía.

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Sociedad

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Corría el año 1970 en los Estados Unidos de Norteamérica. En uno de los países más racistas del mundo pertenecer a la minoría negra no es un asunto fácil, mucho menos si cometes algún crimen, y mucho menos si cometes algún crimen contra un oficial de policía.

Desgraciadamente, es lo que le pasó a Otis Johnson, quien fue encarcelado como autor confeso del crimen de intento de asesinato, nada más y nada menos que a un policía. Por esta causa fue puesto en prisión durante 44 años. Esto no es una gran noticia; es una más de las tantas  personas que han pasado sus vidas tras las rejas por una infinidad de diferentes motivos, cuento conocido en esta sociedad carcelaria. Sin embargo, este caso particular se vuelve interesante al ver la reacción que Otis Johnson tuvo al momento de salir de su encierro, a los 69 años de edad. Podemos analizar este fenómeno al menos desde dos perspectivas distintas:

  1. La reacción de Otis respecto a los cambios tecnológicos, ergo sociales, desde que comenzó su encierro: en una entrevista realizada por el canal Al-Jazeera, el Sr. Johnson revela que los adelantos tecnológicos son lo que a primera vista más le impresionó: “Nunca he visto nada así antes: ¿videos en las ventanas? Sólo había visto a gente al otro lado”, “con cables en sus oídos” que escuchan música y que parecen agentes de la CIA, peatones “que se hablan a sí mismos”, “Algunos ni siquiera ven donde caminan, y estoy tratando de entender cómo lo hacen para controlarse al mismo tiempo que caminan y hablan en el teléfono, sin siquiera ver donde van. Fue impresionante” exclama Otis a la cámara mientras pasea por la ciudad de Nueva York, una urbe de proporciones, donde la velocidad y la tecnología con la que viven sus ciudadanos es probablemente la máxima.
  2. El desarraigo geográfico y familiar del que es víctima el ex reo. Es evidente que la ciudad que dejó hace más de cuarenta años no es la misma; los torniquetes del tren subterráneo (además de su increíble hacinamiento), los precios de las llamadas (de 25 centavos a 1 dólar). Al respecto dice que prefiere los autobuses, porque aunque hay veces que se llenan de gente, aun se puede estar sin ser aplastado e incluso entablar alguna relación entre personas. Finalmente, cuenta el Sr. Johnson que aunque es bueno estar libre luego de tan larga condena, la cárcel apartó lentamente de él a su familia, con quienes tuvo un último acercamiento hace más de 16 años. Al salir de la cárcel no cuenta con pareja, padres o hermanos que se preocupen por él.

El video: https://www.youtube.com/watch?v=OrH6UMYAVsk

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