La educación con Piñera: más sombras que luces, por Mario Waissbluth

por Administrador

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Política en Chile

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Las numerosas publicaciones sobre el legado de Piñera omiten este tema o caen en variadas frases halagüeñas y elevadas notas en alguna exótica escala. Se hace necesario darle un barniz de mayor información y análisis al asunto, aunque sea para el registro histórico.

Los avances.

Ciertamente los hubo. En el ámbito escolar, los principales son a) la puesta en marcha de la Superintendencia, que comienza a arrojar claridad sobre el uso de los recursos y sancionar conductas inapropiadas; b) el aumento en la subvención general y preferencial, aunque no llegó ni de lejos a la promesa inicial de duplicar la subvención; c) el aumento de cobertura en pre kínder y el kínder obligatorio; d) la formación y concursabilidad de directivos escolares; e) el reordenamiento y reforzamiento de liceos técnicos (aunque con montos más bien cosméticos y de manera inconsulta con los municipios); e) la Beca Vocación de Profesor (aunque su efecto fue efímero pues su uso durante 2013 fue casi nulo); f) desconocido por muchos, ha sido importante el apoyo financiero ofrecido a las mejores escuelas de pedagogía para reforzar sus programas y recursos humanos; g) la reconstrucción o habilitación de la mayoría de las escuelas post terremoto.

En educación superior, aunque haya sido como reacción a las movilizaciones del 2011, hubo un efectivo aumento de recursos, reducciones a las tasas de interés, y cambios a las reglas del juego de las becas y créditos, que ciertamente beneficiaron a muchos estudiantes y a sus familias. Luego del papelón de la Comisión de Acreditación, su cambio de autoridades evidentemente se tradujo en una mayor estrictez en los procesos de acreditación, y algunas universidades han comenzado a sentir los efectos, aunque la acreditación de instituciones sigue siendo voluntaria y la acreditación de carreras no llega al 25% del total.

Los anuncios exagerados y tendenciosos

Siguiendo su inveterada y un poco incomprensible manía, fueron numerosas las ocasiones en que el Presidente Piñera hizo anuncios distorsionados o falsos en materia educativa. Los “mejores avances de la historia en el Simce” no fueron tales. Este mejoró poco en los gobiernos anteriores y casi nada en el actual. Los “grandes saltos del 2000 al 2012” en la prueba PISA escondían un retroceso neto del 2009 al 2012. Este estancamiento fue reconfirmado por la reciente encuesta de comprensión lectora en adultos, en el segmento de 18 a 24 años. Los “mayores aumentos presupuestales de la historia” significaron pasar de un gasto público de 4% sobre el PIB… al 4% sobre el PIB, al igual que en gobiernos anteriores. “Los Liceos de Excelencia van a transformar la educación pública”…. para el 0.5% de los mejores alumnos.

Ideología privatizadora, mercantilista, pro lucro y pro segregación.

El reiterado anuncio de que se estaba dedicando a la educación municipal una gran cantidad de recursos adicionales, posteriormente no se materializaba en ejecución del gasto. El más reciente informe de la Superintendencia lo indica con claridad en la revisión de los balances de la educación subvencionada, tanto particular como pública. La asignación de recursos adicionales para los municipios comprometida en el presupuesto 2013, curiosamente no se materializó para nada en el ejercicio del gasto, por “dificultades de gestión”.

Peores fueron los intentos administrativos y legislativos, felizmente fracasados, que constituían una franca agresión: el primero fueron los desastrosos y efímeros “semáforos educativos” del 2010. La Agencia de la Calidad persiste en una suerte de “semaforización” más sofisticada y está produciendo un progresivo embrutecimiento de los alumnos y frustración de profesores por la realización de innumerables Simce censales, yendo al contrario de las principales tendencias internacionales. El segundo fue la versión inicial de la Ley de Calidad y Equidad del 2011, que si se hubiera mantenido en esos términos, hubiera llevado a la virtual quiebra de la educación en muchos de los municipios más pequeños.

La tercera agresión -en el 2012- fue la versión inicial del proyecto de Carrera Docente, que le daba ventajas flagrantes a la educación particular respecto de la pública. Esa obsesión ideológica encontró fuerte y comprensible resistencia, lo que llevó a la postre al retiro de esa iniciativa, y  la versión más diluida enviada el 2013, no alcanzó a ver la luz. En suma, transcurrieron otros cuatro años y seguimos sin la madre de todas las reformas, que es el proyecto de carrera docente.

Hay más.

El proyecto de fortalecimiento de la educación pública o “desmunicipalización” durmió el sueño de los justos. Los (felizmente) fallidos proyectos de incentivo tributario al financiamiento compartido y el de subvención a la clase media constituían, en su versión original, una profundización de la segregación y de la privatización del sistema.

Un proyecto desastroso que implícitamente permite el financiamiento compartido en salas cuna, felizmente no logró ver la luz. Los jardines infantiles continúan desregulados, el libertinaje de los textos educativos también. En un arranque de ideologismo obtuso y aberración pedagógica, Midesol incorporó un “bono a las mejores notas” en las escuelas vulnerables. La competencia del mercado llegó a las aulas.

El programa presidencial preveía un “nuevo trato a las universidades públicas” que jamás vio la luz. El proyecto de Superintendencia de Educación Superior, obcecadamente intentó permitir transacciones con empresas relacionadas (imposibles de vigilar) y por tanto quedó estancado en el Congreso. El proyecto de nueva Ley de Acreditación de la Educación Superior estaba tan pletórico de falencias técnicas que fue prácticamente demolido por todo tipo de testimonios de expertos en el Congreso.

En cuanto al lucro universitario -tácitamente aceptado en la época de la Concertación-, fue gracias a las presiones estudiantiles que se realizó una Comisión Investigadora de la Cámara en 2012, votado en contra por la coalición de gobierno y descartado de plano por el Ministerio de Educación. Tan equivocada no estaba la referida comisión, pues la Fiscalía inició 12 investigaciones y es probable que varios de estos casos revienten durante 2014, poniendo en peligro la educación de decenas o tal vez centenas de miles de alumnos.

Inadecuada gestión política

Un grupo transversal de senadores propuso en 2011 una ley corta de transparencia financiera activa de las instituciones educativas, que hubiera permitido abordar de mejor manera el grave conflicto en la educación superior. Oídos sordos.

Durante el desastre de la Universidad del Mar, tardíamente abordado por el gobierno, otro grupo transversal de senadores propuso en 2012 la creación de la figura del “Interventor Universitario” para ver la forma de proteger los intereses de los alumnos en estas situaciones. El gobierno hizo caso omiso de la misma.

En un momento dado, salieron a la calle hasta 800.000 personas en todas las ciudades del país, con justificada furia por el libertinaje del mercado educativo. No sólo estudiantes universitarios y escolares, sino también sus padres, abuelos y hermanos. La actitud del gobierno fue esencialmente de atrincheramiento ideológico. “Inútiles subversivos”, “la educación es un bien de consumo”, “títeres del comunismo”, etc. Gasolina al fuego.

Indudablemente hubo encapuchados que también agregaron combustión, pero la omisión de medidas legislativas obvias, así como las frases y actitudes incendiarias y represivas del propio gobierno, agudizaron el conflicto, generaron una intensa rotativa ministerial, e iniciaron la caída casi irreversible en la popularidad del mismo, lo que contribuyó a sus sucesivas derrotas electorales.

El que nace ideológicamente chicharra, muere cantando en las elecciones, especialmente en un país que históricamente tiene una mayor cuota de ciudadanos más afines a la centroizquierda que a la centroderecha, según todas las encuestas. Si este atrincheramiento ideológico continúa durante la reforma educativa en el próximo período presidencial, reforma que en realidad pretende llevar el modelo chileno a políticas similares a la mayoría de la OCDE, la Alianza y Piñera pueden irse despidiendo de sus deseos de retornar al poder.

Mario Waissbluth estudió en el Liceo José Victorino Lastarria. Ingeniero de la Universidad de Chile. Doctor en Ingeniería de la Universidad de Wisconsin. Director Académico del Centro de Sistemas Públicos del Departamento de Ingeniería Industrial de la Universidad de Chile. Presidente de la Fundación Educación 2020. Autor de “Se Acabó el Recreo” y “Cambio de Rumbo”.

[voces.latercera]

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