Los científicos explican por qué creemos en dios y en lo sobrenatural

por Administrador

Según las investigaciones del sicólogo británico Steve Kelly, el instinto animal heredado del hombre prehistórico que aún conservamos hoy día podría explicar por qué muchas personas creen en dios o en lo sobrenatural.

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El concepto de sobrenatural o divino está presente en todas las culturas que alguna vez han poblado la Tierra, ya sea asumiendo la existencia de un dios o mediante la aceptación de criaturas fantásticas como los duendes. Es de destacar que pese al tiempo y la distancia que las separan, los distintos sistemas de creencias presentan características muy similares entre sí. Esto puede significar, según palabras de Steve Kell en la web The Conversation, que los procesos mentales que los homo sapiens desarrollaron hace miles de años para adaptarse y sobrevivir aún perduran en nuestra generación.

 

TODO EFECTO ES CAUSADO POR UN SER VIVO

El profesor Kelly afirma que los humanos tendemos a creer que cualquier cosa que ocurra en el mundo es a causa de un ser vivo. Si volvemos la mente atrás y nos ponemos en lugar de nuestros antepasados entenderemos por qué es tan útil esa creencia. Por ejemplo, aunque sea solo el viento el que mueva las ramas de un árbol, nuestra mente va a asociarlo a la presencia de algún enemigo, puede que un animal peligroso, lo que nos pondrá automáticamente en alerta, preparados para defendernos o para huir. Los que tienen ese modo de actuar tienden a sobrevivir con más frecuencia y transmiten esos conocimientos de padres a hijos, con lo que con el paso de miles de generaciones se convierten en parte de nuestro instinto más primordial. Hoy en día actuamos así sin pensar, es algo que está en nuestro subconsciente.

 

HAY UNA RAZÓN DETRÁS DE TODO

Cuando se vive en comunidad es importante comprender como piensan los demás, aceptar sus creencias y modo de vida. Cuando sus mentalidades chocan con nuestro modo de ser, cuando sentimos que están en el camino equivocado, es cuando más nos cuesta entender por qué actúan así. Y es que nuestro cerebro supone que cada acto de cualquier persona responde siempre a un motivo que es susceptible de ser razonado y entendible.

Cuando ocurre cualquier cosa, por ejemplo, cuando vemos caer una piedra, nuestro instinto primario nos va a indicar que alguien la ha lanzado. Sin embargo, si estamos solos, podríamos llegar a pensar que un ser invisible es el causante de tal acto. El siguiente pensamiento, según Kelly, sería: “¿Qué haría este ser si estuviera a mi lado? A lo mejor intentaría conocer cuáles son mis pensamientos para saber si soy una persona merecedora de él”.

Pongamos otro ejemplo, la erupción de un volcán. Sin los conocimientos de la ciencia moderna, a nuestros antepasados la contemplación de tal fenómenos les sugeriría que se trata de la ira de un ser todopoderoso que por alguna razón quiere castigar a los humanos. Llegados a este punto tendrían que reunirse para ver qué hacer para calmar sus ánimos. Al no entender los motivos por los que ha pasado, han asociado ese acontecimiento a sus propias creencias.

 

ANDAR SOBRE EL AGUA

Como suele decirse, siempre hay una excepción que confirma la regla. Si ocurre algún suceso que contradice todas nuestras concepciones éste nos va a ayudar a reforzar nuestro sistema de creencias. Kerry nos explica que “Estas anomalías que nos llaman tanto la atención crean un recuerdo duradero en nuestra memoria y nos ayudan a establecer una idea. En la historia de las religiones encontramos conceptos (…) tales como un hombre que anda sobre el agua o una rama ardiente que habla. Difícilmente podemos olvidar tales relatos”.

Así que, si este autor está en lo cierto, todas las religiones del mundo no serían más que la respuesta del ser humano ante un hecho que no sabe explicar, un error de procesamiento de nuestro cerebro.

Actualidad RT

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